Conquista por fe.
No sé cuál es tu pasado. Pero puedo estar segura de tu futuro. Si en tu corazón está la fe y la determinación de creer. Por encima de la vida que te tocó. Lo que elegiste o lo que no. Por encima de el reto y desafío que representará creer.
Y allí, si estás dispuesta por esa fe, a perecer. Alcanzando lo que en tu corazón se levanta para firme accionar. Cambiando tu historia . Dirigida a un nuevo camino.
En la conquista de tu destino.
Es el reflejo del corazón valiente de una mujer de conquista. Esa cuyo pasado no la detuvo. Cuyo nombre y modo de llamarle, no pudo detenerle.
Ella sabía que el Dios que ella había oído, que existía; era real. Ella simplemente creyó y el Dios de amor que la formó, valor en ella depositó! La usó en medio de sus condiciones no favorables. En la mirada del creador no había para ella juicio ni señalamiento. La mirada del Padre a ella, era solo amor!
Ese amor que cubre multitud de faltas. Ese amor que calla para alcanzar con misericordia, la tocó y marcó. Haciendo de ella una valiente conquistadora de un futuro de libertad y esperanza. Sólo su fe fue su arma, y su disposición su victoria!
Eres tú como ella?
Su nombre era Rahab! Y fue cambiado
“Rahab la Ramera que creía en el Dios de Israel.”
Su marca iría con ella! Mostrando que Dios transforma y otorga victoria a quien cree al Dios de Israel!!
Somos generación de conquista!!
Mujeres con cuello de V.
#aniversario12 #MujeresConCuellodeV
Aquí la historia 👇🏻♥️👇🏻
Fueron, pues, y entraron en la casa de una ramera que se llamaba Rahab, y allí se hospedaron[a]. 2 Y se le dio aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí, unos hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche para reconocer toda la tierra. 3 Entonces el rey de Jericó mandó decir a Rahab: Saca a los hombres que han venido a ti, que han entrado en tu casa, porque han venido para reconocer toda la tierra. 4 Pero la mujer había tomado a los dos hombres y los había escondido, y dijo: Sí, los hombres vinieron a mí, pero yo no sabía de dónde eran. 5 Y sucedió que a la hora de cerrar la puerta, al oscurecer, los hombres salieron; no sé adónde fueron[b]. Id de prisa tras ellos, que los alcanzaréis. 6 Pero ella los había hecho subir al terrado, y los había escondido entre los tallos de lino que había puesto en orden en el terrado. 7 Y ellos[c] los persiguieron por el camino al Jordán hasta los vados, y tan pronto como los que los perseguían habían salido, fue cerrada la puerta.
8 Y antes que se acostaran, ella subió al terrado donde ellos estaban, 9 y dijo a los hombres: Sé que el Señor os ha dado la tierra, y que el terror vuestro ha caído sobre nosotros, y que todos los habitantes de la tierra se han acobardado[d] ante vosotros. 10 Porque hemos oído cómo el Señor secó el agua del mar Rojo[e] delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y de lo que hicisteis a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a quienes destruisteis por completo[f]. 11 Y cuando lo oímos, se acobardó nuestro corazón, no quedando ya valor[g] en hombre alguno por causa de vosotros; porque el Señor vuestro Dios, Él es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra. 12 Ahora pues, juradme por el Señor, ya que os he tratado con bondad, que vosotros trataréis con bondad a la casa de mi padre, y dadme una promesa segura[h], 13 que dejaréis vivir a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas, con todos los suyos, y que libraréis nuestras vidas[i] de la muerte. 14 Y los hombres le dijeron: Nuestra vida[j] responderá por la vuestra[k], si no reveláis nuestro propósito; y sucederá que cuando el Señor nos dé la tierra, te trataremos con bondad y lealtad[l].
15 Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana, porque su casa estaba en la muralla de la ciudad, y ella vivía en la muralla. 16 Y les dijo: Id a la región montañosa, no sea que los perseguidores os encuentren, y escondeos allí por tres días hasta que los perseguidores regresen. Entonces podéis seguir vuestro camino. 17 Y los hombres le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento[m] que nos has hecho jurarte, 18 a menos que[n], cuando entremos en la tierra, ates este cordón de hilo escarlata a la ventana por la cual nos dejas bajar, y reúnas contigo en la casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la casa de tu padre. 19 Y sucederá que cualquiera que salga de las puertas de tu casa a la calle, su sangre caerá sobre su propia cabeza, y quedaremos libres. Pero la sangre de cualquiera que esté en la casa contigo caerá sobre nuestra cabeza si alguien pone su mano sobre él[o]. 20 Pero si divulgas nuestro propósito, quedaremos libres del juramento que nos has hecho jurar. 21 Y ella respondió: Conforme a vuestras palabras, así sea. Y los envió, y se fueron; y ella ató el cordón escarlata a la ventana. Josué 2

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